03.01.2026
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El primer NFT apareció en 2014, pero el mundo no lo notó hasta 2021. Qué cambió y por qué algunos objetos digitales siguieron siendo valiosos incluso después de que se calmara el entusiasmo.
Actualizado 03.01.2026
En mayo de 2014, el programador Kevin McKay registró una imagen animada llamada "Quantum" en la blockchain. No la llamó NFT; el término aún no existía. Simplemente escribió: "Esto es mío".
Siete años después, en marzo de 2021, un artista apodado Beeple vendió un collage de 5000 obras en Christie's por 69 millones de dólares. De repente, todo el mundo hablaba de objetos digitales que no se pueden tocar, pero por los que se paga como si fueran obras maestras.
Pero la esencia de un NFT no es que sea una "imagen", sino que su propietario sea conocido por todos. Es como una firma en un lienzo, pero pública, innegable y funciona en cualquier aplicación.
Muchos se equivocaron al pensar que los NFT eran "sellos digitales". De hecho, su poder reside en su significado social. Poseer CryptoPunk en 2017 era como llevar una camiseta de la primera ola de internet: dice mucho de quién eres y de cuándo llegaste.
Más tarde, surgió una utilidad:
- En Sorare, los NFT son licencias para jugadores de fútbol virtuales, que otorgan el derecho a participar en ligas.
- En Ticketmaster, entradas que no se pueden revender por encima de su valor nominal.
- En el juego Illuvium, personajes con características únicas que influyen en la jugabilidad.
- En DAO, derechos de voto.
Aquí, los NFT no son para exhibir en una galería, sino para la acción.
Cuando el entusiasmo de 2021-2022 se calmó, miles de colecciones desaparecieron. Pero aquellos basados en la comunidad o la función permanecieron.
- Art Blocks: arte generativo, donde cada algoritmo crea obras únicas.
- Dominios ENS (p. ej., alex.eth): no solo un nombre, sino un inicio de sesión y una billetera universales.
- POAP: insignias digitales para participar en eventos, desde conferencias hasta protestas.
Estos proyectos no venden "rarezas". Venden contexto.
Los NFT aún enfrentan desafíos:
- Las imágenes suelen almacenarse en servidores centralizados (si Amazon falla, la "imagen" desaparece).
- Los derechos de uso comercial no siempre están claros.
- Muchas plataformas están centralizadas: pueden bloquear el acceso.
- Y lo más importante, las expectativas: cuando los NFT se convierten en un instrumento financiero, pierden su poder cultural.
Hoy en día, los NFT ya no se llaman simplemente NFT. Se están convirtiendo en:
- entradas de conciertos,
- diplomas educativos,
- claves para comunidades privadas,
- licencias de software o música.
El futuro de esta tecnología no reside en ser "tokens únicos", sino en integrarse en la vida cotidiana, como el correo electrónico o los códigos QR. Y cuando eso suceda, nadie preguntará: "¿Qué es este NFT?", porque simplemente será algo digital verdaderamente tuyo.
Los NFT han demostrado que, en el mundo digital, lo importante no es si algo se puede copiar, sino quién está asociado con él.
Y si un día tu diploma, tu entrada o incluso tu voto en unas elecciones se confirma con un token similar, recordarás no el revuelo, sino el momento en que lo digital se hizo realidad.
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